Un día con Marta

Son las nueve de la mañana. Permanezco inmóvil bajo una cornisa en frente de la Delegación de Urbanismo del Ayuntamiento de Granada. Está en la calle Gran Capitán y llueve de manera leve pero constante. Aún no lo sé, pero permanecerá así toda la jornada. Un día atípico, necesario en lo meteorológico y para mí, en lo político. Comienza, un día con Marta.

Hemos quedado allí para revisar un expediente que le puede costar al Ayuntamiento la friolera de 13 millones de euros. Se trata del convenio urbanístico firmado con Construcciones Vargas. Un acuerdo alcanzado por esos maestros de la gestión que han llevado la ciudad a la ruina. Al expediente hay que hacerle un seguimiento y además tiene un recorrido judicial que no pinta nada bien para nuestros intereses, a pesar de los esfuerzos de los funcionarios del área, que lo veían venir. Cuando salimos de allí, después de estar sumergido una hora en los documentos, le pregunto a Marta sobre la reacción de la ciudadanía si conociese la letra pequeña y no tan pequeña de las cosas que ha firmado y sigue firmando el Ayuntamiento. La respuesta es desoladora; “ y este es solo uno de muchos”.

La siguiente parada es el Ayuntamiento, toca rueda de prensa sobre el IBI a las 10:30. Y tras imprimir unos documentos acudimos a la sala correspondiente. La propuesta es concreta, directa, clara. “Se puede detener la subida del 4% del IBI a toda la mayoría social simplemente aumentando el tipo diferenciado a los 190 locales con mayor valor catastral”. Al finalizar, los periodistas presentes intercambian comentarios sobre las declaraciones del alcalde de Lecrín respecto a la puja de mujeres en el día de los Santos Inocentes. Tanto por cambiar… produce desasosiego que algunos conceptos estén aún a un paseo lunar de ser absorbidos por la sociedad, no abarcar la inmensidad de problemáticas presentes y además pelear simplemente por que nos dejen hacer.

No hay tiempo, no podemos parar a desayunar. Debemos estar antes de las 12:00 en el polígono de Juncaril para una entrevista en Esradio. La tertulia dura una hora, y se tocan todos los temas. Marta responde con aplomo, conoce todos los temas y además se ha endurecido, con todo lo bueno y lo malo que conlleve esa transformación. Supongo que es de esperar con lo que ha ocurrido en estos 3 años, y especialmente en los últimos 6 meses. En la radio parecen contentos, y queda apalabrada otra sesión para el próximo mes. Nos despedimos con las formas propias de la fecha y nos entregan unos mantecados que duran el tiempo mínimo que el decoro permite tras alejarnos desde las instalaciones hasta el vehículo. Sigue lloviendo.

Volvemos a la urbe, encontramos aparcamiento en el Realejo y nos marchamos a comer. Marta me lleva a un establecimiento curioso, en la calle Angel Ganivet. Comida casera en formato de platos del día, pero con un estilo muy particular, ese que te recuerda a lo tradicional que no encaja en el entorno. Hoy toca lentejas con gambas. Aprovechamos para repasar la jornada que llevamos y lo que queda. También algún tema personal, apenas nos conocemos. Con la dueña del establecimiento también intercambiamos algunas palabras. Coincide en todo lo que queda por hacer en Granada y la incertidumbre y situación maldita de la que parece no salir nunca.

Cuando salimos, volvemos a abrir los paraguas y nos dirigimos a su casa. Persiste esa lluvia fina y sosegada.

Toca revisar la documentación de Emucesa, lo que implica estudiar los estatutos y proceso de venta de esta empresa pública. Otro bochorno de nuestros regidores en la que la parte pública conserva el 51% de la propiedad y tiene solo el 25% de los beneficios. Es habitual cuando revisamos un expediente, encontrarnos este tipo de “sorpresas”. Pero no nos acostumbramos.

Es complejo sumergirse en este tipo de documentación, requiere tiempo. Marta me suministra una bebida caliente porque mi congestión crece. Y aún nos queda una reunión, cerca del Ayuntamiento. Pero antes, vamos al supermercado ecológico del barrio, de nuevo con los paraguas.
Nuestra última parada nos lleva a encontrarnos con Alberto Soria, ingeniero y empresario granadino dedicado a las energías renovales. Son las 18:30 y nos lleva a su sala de reuniones bien aclimatada aunque con unas sillas demasiado bajas para mi gusto. Hablamos sobre cuestiones nacionales, pero sobre todo, de cómo plasmar proyectos energéticos sostenibles municipales y de las posibilidades reales de acuerdo al mercado, la legislación y el marco general. También hay un mundo que explorar en este campo. Tras dos horas nos emplazamos a próximas reuniones que puedan desembocar en algo concreto como unas jornadas de divulgación o una propuesta municipal.

Bajamos de su despacho con algunas ideas claras y opciones de futuro, pero se nos han olvidado los paraguas y sigue lloviendo.
De nuevo a cubierto, decidimos terminar la jornada en el barrio de la Magdalena. Al fin y al cabo el epílogo es mejor con unas tapas.
Para mi ha sido toda una experiencia. Para Marta, una rutina, un método de trabajo que se repite día tras día con el desgaste y la organización que requiere. Hay mucha soledad en lo que hace. Pero al fin y al cabo es lo que le ha tocado. Solo es la cabeza visible, la punta de lanza de lo que está por venir, una Granada despierta y para todas en donde recuperemos el control y gestión de nuestra ciudad.

Si no haces política, otros la harán por ti. Ya conocemos los resultados.

28 septiembre 2017,

Cecilio Sánchez Hita

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *