Leo, en uno de los principales periódicos de la ciudad, sobre el hambre de franquicias que tienen los granadinos, a raíz de la inauguración de una de ellas en la capital. Y no me cabe duda de que hay una parte importante de la población que estará encantada de que éstas famosas franquicias recalen en nuestra ciudad, aunque quizás esta alegría se viera ensombrecida si se tuviese en cuenta que:

  • La riqueza que generan estos negocios sale inmediatamente a cuentas extranjeras, no revierte en la economía local y su carga impositiva es ridícula, un ejemplo: la marca de tecnología de la manzana da pérdidas en España.
  • El establecimiento de estos negocios tiene un impacto enormemente negativo sobre los comercios y productores locales, incapaces de competir con precios derivados de la producción en masa en países donde no se respetan, no ya los derechos laborales, sino los más elementales derechos humanos. A medio y largo plazo, son generadores de desempleo y empobrecimiento.
  • Los empleos que generan, y que en principio pueden ser un motivo de alegría, conllevan a corto y medio plazo la destrucción de empleos de mayor calidad, los que que aportan las Pymes locales para dar paso a contratos precarios, de sueldos ínfimos y con condiciones laborales leoninas.
  • Los productos que venden estas marcas, además de ser fruto de la explotación laboral de personas en terceros países (también en el nuestro, si consideramos las condiciones de los trabajadores locales), son además de mala calidad, de usar y tirar, productos con una vida limitada marcada por un modelo de consumo insostenible, destructor de los recursos comunes y del medio ambiente.

Apostemos por mirar un poco más allá de la satisfacción inmediata que nos produce el consumo, tengamos en cuenta lo que se esconde detrás de estas gangas, de aquellos diseños de última moda, de los productos tecnológicos que nos incitan a renovar cada pocos meses. Apostemos por un modelo de desarrollo basado en nuestros propios recursos, que beneficie la economía real, que no es otra que la local, se trata de proteger y fomentar a nuestros productores, a nuestros comerciantes, cuidando y poniendo en valor nuestro entorno… y, por ello, a todos nosotros.