Viejos y nuevos políticos llevamos en nuestros programas políticas detalladas relativas a un nuevo modelo energético y promesas de reducción de las emisiones de Co2 y gases. Políticas que a día de hoy no aparecen en las agendas, ningún punto en el orden del día de ningún pleno.

Ayer en una entrevista en Onda Cero me preguntaron por la LAC en relación a varios temas, problemas de movilidad y contaminación ambiental. En el escaso tiempo de respuesta me inclino casi automáticamente por hablar de los problemas de movilidad que tan patentes son en Granada y que tan escasa respuesta ha dado la Línea de Alta Velocidad implementada por el Gobierno de esta ciudad.
La actualidad mediática que va fotografiando nuestra realidad cotidiana, nos marca el paso y vamos dando respuesta a cada asunto que va saliendo y pocas veces se trata el fondo de las cuestiones, no da apenas tiempo de elevar nuestras miradas y poner el acento en la raíz de las cosas. Si algo me impulsó a meterme en política es precisamente eso, darme cuenta de que la vertiginosa velocidad a la que vamos no nos permite subir a vista de pájaro y ver lo obvio.
Intento no dejarme llevar por las prioridades marcadas por una sociedad, que pese a toda evidencia, pospone el cuidado de la naturaleza a favor del crecimiento económico, basándose en la idea errónea de que el crecimiento económico traerá como consecuencia la justicia social. Solo una pequeña minoría de la conciencia social llega a percatarse de la verdadera dimensión y gravedad del problema del cambio climático, mientras que otros tantos la niegan y otros muchos lo relativizan o posponen ante una realidad social también terrible para muchas familias e individuos.
Que ningún político lo contemple en sus discursos, esa reiterada indiferencia, responde también a una demanda ciudadana errónea, anclada en un etnocentrismo que nos llevará al desastre irremediablemente.
Me doy cuenta de mi descuido, me doy cuenta que no puedo ni debo bajar la guardia, pese a la desbordante y exigente demanda de respuesta de la actualidad cotidiana, de los emergentes y graves problemas colectivos de mi ciudad, no debo bajar la guardia, porque los objetivos de justicia e igualdad social están, además, profundamente ligados a un cambio radical en la forma en la que producimos y consumimos. Porque los daños medioambientales están ligados a las políticas de crecimiento económico y porque se trata de un modelo económico, ecológica y socialmente suicida. Porque si bajo la guardia haré la misma vieja política de parches que va respondiendo (a veces ni eso) a problemas aislados. Sin detenerse a observar, diagnosticar y resolver la raíz de esos problemas.
Utilizaré la LAC como ejemplo, quizás en un intento de resolver un serio problema de movilidad en la ciudad generado entre otras cosas por una política de vivienda expansiva y desmesurada, un “viva a cinco minutos de Granada por un coste mínimo”, se propone un plan de movilidad que amén de la desconexión entre los barrios y no resolver el problema del tráfico, no responde a las necesidades de los vecinos y vecinas de Granada. Crecimiento, expansión, que no resuelve sino que genera más y más desigualdad.¿Indicadores de contaminación ambiental de un proyecto tan ambicioso y costoso?

La suficiencia ecológica y la sostenibilidad y equilibrio con nuestro ecosistema debe ser la guía de todas las políticas públicas, frente al gasto desmesurado y sin límites de nuestros recursos primarios. Deben ser el telón de fondo de políticas de vivienda, de transporte, de industria, de educación… La pobreza energética que sufren tantas familias pasa irremediablemente por disminuir el despilfarro que nos rodea. Necesitamos unos estilos de vida más justos y participativos a la par que es urgente cambiar un modelo productivo caduco y destructivo por uno compatible con la reparación y conservación de nuestro ecosistema. Las iniciativas para el ahorro y la eficiencia energética no son más que débiles remiendos, que no resuelven el problema, placas solares en los edificios públicos o el cambio a bombillas de bajo consumo. Se hace imprescindible y urgente un cambio estructural en el modelo productivo.
Se da la circunstancia que ese modelo está asumido por todos, crecer, crecer, a costa de todo. hemos creído que a mayor crecimiento menos precariedad. Pero vemos que el efecto ha sido justo el contrario, a mayor crecimiento mayores desigualdades y mayores porcentajes de población en situación de pobreza.
Se hace imprescindible una conciencia colectiva que actúe y a la vez presione suficientemente a quienes solo son el instrumento para implementar los cambios a gran escala necesarios, debemos tener una visión global y transversal en el diagnóstico y prospección de los problemas y dar pasos valientes y decididos, individual y colectivamente: la desconexión con entidades bancarias que invierten en combustibles fósiles, una planificación urbanística rehabilitadora, agrigultura regenerativa, reforestación, disminución de la presión humana en las zonas protegidas y un largo etc.
Prometo estar alerta, no bajar la guardia. ¿ Y tu?